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Ha
saltado la alarma: La falta de autoridad en las clases ha desencadenado
un nuevo síndrome, el del profesor quemado.
La
parte más amarga de la docencia es comprobar que los alumnos
pasan por la escuela, pero la escuela no pasa por ellos.
Los expertos lo denominan Síndrome de Burn-out,
o Síndrome del quemado. Angustia, estrés,
pérdida de autoestima, sentimiento de acoso, dificultad para
cumplir con su tarea,... Los profesores se sienten alicaídos,
faltos de incentivos y cuando tienen que enfrentar a sus alumnos
se encuentran solos e indefensos.
Hoy en día, las familias no se implican tanto en la escuela
y nos delegan prácticamente toda la educación de sus
hijos. Si les pides ayuda, te contestan que sólo ven a sus
hijos los fines de semana.
Nadie nace con un manual bajo el brazo y no se trata de que los
padres actuales no sepan educar, se trata de que no tienen tiempo.
Y cuando no lo tienen, no quieren ser una figura autoritaria a ojos
de sus hijos. Quieren ser unos padres de buen rollo.
Consencuencia: permisividad y falta de límites.
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